La Semana de la Moda en París, con lo más destacado de la Alta Costura

B-mag

La semana de Haute Couture parisina concluyó con varias propuestas para la primavera-verano de 2017. Las puestas en escena dieron que hablar, los vestidos de los géneros más nobles y los bordados por demás exquisitos y brillantes fueron los puntos altos de la pasarela.

Por Cata Greloni Pierri (@catagreloni)

Moda en Parìs

Fotos: Business of Fashion

Dior

Maria Grazia Chiuri engalanó el Museo Rodin como un bosque de hadas para mostrar una sastrería minimalista impecable de vestidos negros, capas, pantalones súper anchos y nuevas versiones de la Bar Jacket, un clásico de Dior. Los bordados de los vestidos más increíbles estuvieron inspirados en el tarot y también sumaron plumas, transparencias, drapeados, brillos y estuvieron acompañados de tocados y máscaras del sombrerero Stephen Jones.

Givenchy

Después de 12 años al mando de la firma, Ricardo Tisci eligió para su última presentación armar un pequeño encuentro entre clientas y la prensa especializada. A modo de despedida, convocó a sus modelos y musas preferidas como Kendall Jenner, Joan Smalls, Lea T, Bella Hadid y Maria Carla Boscono para lucir los vestidos más artesanales y elegantes. Reinterpretó el escocés tipo vichy en total looks con volados en escotes y terminaciones. Los  puños, cuellos y cinturas funcionaron como zonas de acento, a partir de la vuelta del punto smock. Los mejores, los vestidos íntegramente artesanales, en variedad de flecos y los distintos tipos de plumas, etéreas y sin gravedad.

Chanel

El Gran Palais se vistió con espejos y cristales para homenajear  a la casa matriz de Coco Chanel, en la Rue Cambon. Karl Lagerfeld presentó trajes de dos piezas en tweed de lana con faldas lápiz, tipo kilt y evasée, en colores desaturados. El rosa, lila, verde, celeste desfilaron a la par de los tonos neutros como el crema, marfil y el blanco óptico. El Káiser destacó la silueta femenina con un cinto metalizado ancho, presente en todos los conjuntos, desde en la sastrería más clásica hasta en los vestidos de fiesta más artesanal. Sorprendieron los trabajos de pedrería en combinación con sus botas largas –increíblemente- bordadas, sutiles y modernos, las pailettes brillantes en plata, el uso de las plumas y una nueva silueta redondeada asentada en las caderas.

Margiela

John Galliano presentó una colección bajo el concepto de “vivir una vida sin filtros”, en tiempos de redes sociales. Aplicó la técnica de “decortiqué” –o de descascarar un objeto- para eliminar lo ornamental y se centró en el esqueleto de las prendas. Así, la  sastrería con sustracciones se mantuvo fiel a los detalles constructivos. El foco estuvo puesto en cuello de las camisas, sus puños o las solapas de los sacos. Dominó una paleta acotada en negro, blanco, rojo y beige, y destacó un piloto transparente con tules de arcoíris que salían de la boca de una estampa, en clave filtro de Snapchat. También un tapado blanco, con una ilustración hecha en 3D con tul negro, obra del artista Benjamin Shine. El maquillaje artístico de Pat McGrath brilló a la par de las piezas más exquisitas.

Viktor & Rolf

Los diseñadores belgas recuperaron vestidos de fiesta de décadas pasadas y los restauraron bajo el Kitsugi, técnica japonesa de reparar y recomponer la cerámica con material dorado entre las grietas. La colección llamada El boulevard de los sueños rotos se vió en clave patchwork, con transparencias, tules superpuestos en volados, semi miriñaques y géneros estampados que formaban las prendas, a modo de rompecabezas. En camisas, vestidos y pantalones, los volados de tules en colores desaturados crecían asimétricamente en hombros, mangas y caderas y evolucionaron hasta enormes vestidos con faldas plato, en vestidos de quinceañera, con apliques –polémicos- de otros géneros sobre ellas.

Valentino

La primera colección de Pierpaolo Piccioli en solitario, tras la partida de su ex pareja creativa, María Grazia Chiuri hacia Dior fue una de las preferidas de la semana de la Alta Costura. En un gran ejercicio de minimalismo y con piezas monococromáticas, las piezas estuvieron en sintonía con los bocetos del artista Tiroche DeLeon, que decoraban las paredes de la Plaza Vendôme. Los vestidos columna plisados remitieron a las creaciones del modisto Mariano Fortuny. En blanco, crema, verde seco, plateado, rosa viejo, rojo, lavanda, y amarillo descendieron decenas de piezas esculturales y geométricas, en géneros transparentes y con brillos sutiles bordados sobre sedas floreadas, organzas y gasas. Simple pero compleja, la colección de Piccioli mostró la amplitud de los oficios de los couturiers, con mucho allure.

Jean Paul Gaultier

El Enfant Terrible de la Moda trajo de vuelta a todas sus prendas icónicas. Los pantalones cigarrette a la cintura fueron combinados con brasieres y tops encorsetados, en satén y pailettes. Además, reinterpretó el corset que diseñó para Madonna en los ´90, en un vestido rosa viejo con aires flamencos, de falda evasée, que se vió en otros modelos, con flores hiperrealistas y girasoles. Acompañada de una guitarra criolla, cerró la pasarela la modelo y bailarina Coco Rocha, que apareció en una hamac